Microrrelatos de Pedro Sánchez Negreira

Juan Yanes

[DES]ALIENTO

Ocho meses, tres días y catorce horas han pasado desde que te marchaste sin explicarme por qué y yo aún no he podido deshacerme de tu cepillo de dientes.

LLANTO

Sentada en la mecedora a los pies de la cuna y oculta en la oscuridad taciturna de la habitación, ella se consume en un balanceo vesánico acunando en sus brazos el vacío. En sus anhelos, el niño aún llora.

ENVÉS

Le llamó la atención la mueca de desagrado de la vecina del quinto, cuando se cruzaron en las escaleras; el gesto de sorpresa del portero, al verlo salir del edificio; el miedo en los ojos de la secretaría del bufete colindante con su oficina, al encontrarse con ella en el ascensor y que Pili –la recepcionista– disimulase e hiciese como que no le había visto, negándole el saludo, cuando llegó a la empresa.
No fue hasta las once, una vez en el baño y viéndose en el espejo, que se dio cuenta de que esa mañana, después de afeitarla, se había puesto la cara del revés.

VÓRTICE

Lo primero que engulló el remolino, cuando aún era imperceptible, fue una esponja pequeña. Luego –a medida que ganaba intensidad– se llevó un pez payaso, dos defines que permanecían inmóviles y un tiburón tigre. Al tiempo que crecía y se hacía notorio, enredó en su torbellino a un buzo –con tanques de oxígeno– y a otro –sin tanques–, una pequeña lancha neumática y el velero que se suponía su nave nodriza. Finalmente hizo desaparecer a tres soldados de los U.S. NAVY S.E.A.L., a dos submarinos –uno el doble de grande que el otro–, cuatro vaqueros, dos pelícanos y al bebé que jugaba con unas tijeras de plástico y un pato amarillo de pico naranja. Con el rejilla aún en una mano y su sirena con el pelo trasquilado en la otra, la niña sonrió ante la alberca vacía.

CORVIDAE

«Sr. Corvidae, han tenido ustedes un ángel» me anunció la enfermera, disimulando un rictus de desconfianza, a las puertas del paritorio. Aún cautivos de la sorpresa inicial y el miedo propio de los principiantes, su madre y yo lo aceptamos como el niño que habíamos deseado durante tanto tiempo y lo criamos con todo el amor que fuimos capaces de sentir. A pesar de nuestra inexperiencia lo colmamos de cuidados. Protegimos aquellas dos alas negras que hacían que los demás le negaran su condición. Intentamos enmascarar sus diferencias y encubrir sus obsesiones; como esa costumbre compulsiva de acicalarse las plumas de sus alas. Le consolábamos asegurándole que, a pesar de esos reflejos azabache que decía no soportar, era tan hermoso como el más hermoso de los ángeles. Le sobreprotegimos y ese exceso de mimos fue nuestro error irremediable. Ayer, antes de huir y abandonarnos, nos quitó los ojos.

PREGUNTAS ABIERTAS

En el instante en que le doy la espalda –después de un polvo subrepticio en el cuarto de los manteles del restaurante donde celebra la comunión de su hija pequeña– con el vestido aún arrollado alrededor de su cintura y el tanga en el suelo –enganchado al tacón de su zapato de fiesta– me pregunta, en un susurro como de letras minúsculas, si la amo de verdad o lo hago sólo por joder a su marido. Su marido –conviene aclararlo– no es otro que el cabrón de mi jefe.

Me vuelvo y tomo su cara entre mis manos, mientras dejo que mi mirada se pasee por su piel percudida en un falso moreno, como de cartón antiguo.  Me acerco dos pasos hacia ella hasta notar el roce de sus pezones en mi camisa.  Al tiempo que cuelo mi muslo entre sus piernas, acerco mi boca a su oído con el único fin de que mi perfume se pegue a sus dudas. Entonces la miro a los ojos y sonriendo le respondo: «¿Tú qué crees?»



Pedro Sánchez Negreira por Pedro Sánchez Negreira

Aprendí en Montevideo, a orillas del Río de la Plata, que no sabría vivir sin leer; pero no comencé a escribir hasta que afirmé mi pluma en el fin del mundo, allí, entre nunca y quién sabe. Desde entonces he participado como autor en el libro «deantología. la logia del microrrelato», antologado por Rosana Alonso y Manu Espada y publicado por la editorial Talentura; así como en las antologías digitales «Grandes microrrelatos de 2011» y «Destellos en el cristal» (ambas publicadas por la Internacional Microcuentista) y en «LECTURES D'ESPAGNE, une anthologie vivante. AUTEURS ESPAGNOLS DU XXI SIÈCLE». En noviembre de 2013 vi publicado mi primer libro de microrrelatos, «Verde como el Hielo».



GRITO EN EL CIELO


 
TIM FLACH-VÍA JUAN YANES

Por Ricardo Bugarín


PRODIGÁNDONOS EL SILENCIO
Nunca me desnudé en público. Esa sería la primera vez. Cuando así lo expresé, quedó establecido el acuerdo mutuo. Con una naturalidad, casi inusitada, las ropas giraron hacia el piso. El acercamiento fue pródigo, expectante y sostenido. Fue reconociéndome en su camino exploratorio. Con suaves mordiscos fue marcando todo mi pecho. Retribuí como corresponde. Cuando llegamos a ese instante en que sólo las miradas pueden comprenderse, nos intercambiamos las prendas. Nos fuimos cubriendo con vestiduras ajenas y descendimos del altillo. Acabábamos la siesta en la que estuvimos prodigándonos el silencio. Tomamos la lancha y dejamos atrás los canales fueguinos.

PROGRESO
Cuando me doctoré en vexilología, comencé a ascender. Al comienzo casi ni me di cuenta del avance de mi trayecto. Partiendo desde mi base, desde mis inicios, todo tenía algo así como de curiosidad expectante. Después todo fue enarbolantemente vertiginoso. Ya se han soltado las amarras y el cordón es apenas un recuerdo liberado y desvanecido hacia los cielos. Ya he perdido el mástil, ya me he liberado de la fragosidad de la historia. Ahora solamente queda compartir los vientos que, a favor o en contra, puedan cruzarse en mi camino. Pero aquí voy, en perspectiva de mayores logros.

PLACEBO
Paseando por la región, llegó a un espacio de aires aquietados, luz tenue, aromas sosegados, en que el trayecto ofrecía algunas alternativas. Pensó un instante al mismo tiempo que deshacía el esbozo de una duda y decidió avanzar hacia la derecha y seguir la flecha de neón que indicaba: duodeno.

GRITO EN EL CIELO
Cuenta el Libro Mayor (aunque nunca supimos cuál era ese libro) que cuando las tortugas despierten, desde el centro de la tierra, se habrán de sacudir hasta las montañas más altas y se habrán de abrir hasta los mares   más profundos. Cuenta, además, que las tortugas están allí todas calladitas pero, cuando ese día despierten, con sus bramidos habrán de cubrir todo el orbe conocido. Será entonces cuando nosotros pegaremos el grito en el cielo pero todo será como un intento mudo. Nadie escuchará. Nadie vendrá por un rescate. Y todos los muertos –hasta los muertos- querrán escapar de sus prisiones soterradas. Tal vez entonces se quiera escribir un nuevo libro. Tal vez entonces comience el paraíso.

VERANO
Tomamos sol en la playa y después lo guardamos en el cesto junto a los restos de comida y gaseosas a mitad de botella. Advertimos que ya no hay espacio para el protector y las cremas mientras el periódico del día no nos entraba ni siquiera plegándolo. Avanzamos por la duna y oímos la voz de nuestro hijo que, en su particular manera de preguntarlo todo, nos dice: ¿no será mucha luz para meterla toda en casa?.

BRUTA REALIDAD
En estos tiempos tan materialistas, de venta on line y diversos dineros, pareciera que los sueños fueron asesinados por tanta impiedad humana y se nos hace cuesta arriba poder encontrar un fauno con quien compartir la siesta.

ALMUERZO
Me da miedo el puré de papa. Tan blanco, tan acicalado, tan personal como nalga de bebé bien empolvada. Me provoca estupor de infancia y me da temor que en cualquier momento se le ocurra una sublevación o revolución indoamericana y se desbarranque del plato y sea un zafarrancho el mantel y toda la mesa.
Prefiero un vaso con agua y que todo el resto sea imaginación culinaria.

***

RICARDO ALBERTO BUGARÍN
 
(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)
Escritor, investigador, promotor cultural.
Publicó “Bagaje” (poesía, 1981). En microficciones ha publicado:“Bonsai en compota”(Macedonia, Buenos Aires, 2014), “Inés se turba sola”, (Macedonia, Buenos Aires, 2015), “Benignas insanias” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) y “Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017).
Diversas publicaciones periódicas y revistas especializadas han publicado trabajos suyos tanto en Argentina como en Ecuador, España, Italia, USA, Venezuela, Chile, México, Perú, Colombia, Bolivia y Uruguay.
Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).
Integra las ediciones  “Borrando Fronteras-Antología Trinacional de Microficción Argentina, Chile y Perú”; “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” (edición argentina); “Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP, México) y “Antología Iberoamericana de Microcuento” (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia).


Golpes sobre la mesa, por Camilo Montecinos G.

Juan Carlos Mestre


Interpretación
Siguió sus pasos hasta alcanzarla. Debió avanzar varios metros y correr de vez en cuando. Estaba seguro que la mirada que se cruzaron en la esquina, decía algo más… algo así como «sígueme, viólame, mátame… te lo ruego».

Conjeturas
El detective se impresiona con la limpieza de la escena: ningún rastro de sangre, ninguna huella dactilar, ningún objeto fuera de su sitio. En la habitación, todo está como si nada hubiera pasado, salvo por el hombre muerto en el piso.
El detective se atreve a pensar que quizás sea cierto lo que murmuran los vecinos: «La mujer asesinada volvió para vengarse».

Triángulo del desamor
En estricto rigor, no eran amantes, porque su matrimonio había terminado hace ya un buen tiempo. Vivía con su esposo en la misma casa, es cierto, y compartían la habitación, pero ambos se encontraban en mundos totalmente diferentes.
En estricto rigor, no lo engañaba, porque en más de una ocasión le insinuó que veía a otro. Pero él no le hizo caso, no la creyó capaz.
En estricto rigor, no había culpables y tampoco víctimas, no había sangre en esa casa oscura y vacía, no había gritos ni disparos, no había crimen. Nunca hubo tres.

Cargo de conciencia
Me sigue a todas partes. Me espía cuando voy a la oficina, cuando estoy en el mall, en el metro, en las calles. A ratos, siento su presencia, sus pasos, su respiración, y escucho que me llama, que me habla pidiéndome que lo perdone.
Que está arrepentido.
Que nunca fue su intención asesinarme.

Pesadilla de frontera
Los sueños de pasarelas quedaron guardados en la maleta. No tuvo tiempo para desempacar. La noche recién comenzaba y los clientes ansiosos esperaban su turno.
Un país diferente, un idioma distinto y el aliento de un hombre extraño recorriendo su espalda.

Lealtad organizacional
Dulcinea esperaba que Sancho hiciera algo más por ella, en honor a los años de romance clandestino, y no que la dejara moribunda en un cuartucho oscuro de la taberna. Pero un buen escudero nunca traiciona a su amo.

Princesa no busca príncipe
La princesa no se sentó a esperar hilando en la rueca, ni bordando un ajuar nupcial con hilos de oro. Decidida, buscó la forma de salir del castillo y vencer al dragón por sus propios medios. Ya habría tiempo para convencer al mundo de que así fue la historia real, y no como la contó ese tal Príncipe Azul.

Sacrificios de moda
A Cenicienta le sangran los pies. El príncipe la obliga a usar tacones de cristal, argumentando que las mujeres deben verse siempre lindas para los hombres. Y que «para ser bella hay que ver estrellas».


Estos textos pertenecen al libro Golpes sobre la mesa, 2017. 
 
***

Camilo Montecinos Guerra (Arica – Chile, 1987). Profesor de Castellano. Ha publicado un libro de microficción, “Golpes sobre la mesa” (2017, Ediciones Sherezade). Además, sus textos han sido difundidos tanto en medios impresos como digitales: “Antología de escritores del norte” (Sech, 2012), “Borrando fronteras”, (Ergo sum, 2014), revista “La Taberna de Innsmouth” (Cathartes Ediciones, 2017),  revista “Cuentos para el andén” (España), antología de microcuento policial “Dispara usted o disparo yo”, de Lilian Elphick, entre otros. Obtuvo 2° lugar en el concurso de microrrelatos “Arica en 101 palabras” los años 2012, 2013 y 2014; 1° lugar en el concurso “Déjalo ahora” el año 2015; y 3° lugar regional en el concurso “Historias secretas de nuestra tierra”, el año 2016.

Microrrelatos de Celina Aste


Diecisiete

No me fui a acostar temprano. Tenía planes y además, la luna estaba tan blanca que no podía perderme el espectáculo. Me atrajo como a las mareas. Cuando el rocío comenzó a humedecer mi piel más de la cuenta, me protegí bajo el alero de la galería. Miré el reloj; todavía faltaban una hora. Busqué el vaso de vidrio alargado donde había colocado una yerbera blanca para la ocasión. Me gustó haber guardado su vela amarilla como recuerdo; servía para esa noche también. La mesa estaba lista para el festejo. A la madrugada sopló un viento que me despabiló; me habría quedado dormida, no supe bien. Percibí un aroma ajeno y a la vez intenso, joven tal vez. Miré el reloj. Ya era la fecha. Fui a la cocina, Saqué la torta de la heladera. Coloqué diecisiete velas sobre ella. Con un encendedor, prendí una a una. Tardé una infinidad de minutos en hacerlo. Cada vela me traía un recuerdo de ella. Cada vez me temblaba más el pulso. Cada vez el perfume era más dulce. Prometí que no iba a llorar;  los cumpleaños son para celebrarlos. Por dentro me preguntaba cómo se festeja en época de duelo. Insistí. Los cumpleaños son para celebrarlos. Repetí esa frase en voz alta varias veces hasta que la voz no se quebró más. Aspiré profundo para soplar con ganas las velas sobre la torta. Una ventisca suave como las alas de un ángel  sopló antes que yo y las velas se apagaron. Me reí, mucho. –Me ganaste de mano –le dije a esa esencia con olor familiar.

Dieciocho

El jueves pasado te extrañé más. A la hora en la que solíamos almorzar, sobre todo. No puse tu plato sobre la mesa del comedor de diario pero sí cociné la comida preferida de tu mamá. ¿Te acordás? Fue la solución para que no la extrañaras. Ahora es mi plato favorito también. El jueves pasado me senté frente a la mesa baja del living. Me había servido sólo las arvejas, las que vos siempre me pasabas a mi plato para ver cómo rodaban. Te confieso que giré el plato para un lado y el otro. Una idea absurda como la que intenté enseguida. Cerré y abrí los ojos varias veces. Siempre con la misma intención e intensidad. Un esfuerzo inútil del que vos, sin embargo, te hubieras reído. Empecé a pinchar una a una las arvejas como hacías vos cuando te obligaba a comer toda la comida. Cada bocado me sacaba más el hambre; el aire. Respiré hondo. Habría sido mi aliento o tus ganas de estar cerca, no sé; la cortina del living se sacudió apenas. Me levanté de la mesa y me acerqué al ventanal. Me faltaba más el aire. Me apretaban los zapatos, las medias, el suéter, la camisa. Me quité casi todo. Así, poco cubierta como te vi la última vez, te hablé. ¿Te acordarás? Te pregunté por tus estudios, el viaje de egresados que no llegaste a hacer, si extrañabas, si dormías bien, si tenías el pelo más largo y la voz más suave. Me quedé en silencio no sé cuánto tiempo hasta que empecé a tener frío. Me puse sólo el suéter e hice lo que tenía planeado para ese día. Me senté al piano. Una vela, un solo acorde de feliz cumpleaños y un beso al aire. En mi plato, sobre la mesa, la última arveja rodó apenas.

Diecinueve

Tocó un día de sol y viento fresco. Respiro primavera en el aire. ¿Estarás así, liviana? ¿Serás polen, azalea o mariposa? Como sea, hay que celebrarte. Me doy un baño, me arreglo más como si me vieras hacerlo. Busco mi fragancia de limón; tal vez así me huelas más pronto. Voy al jardín. Busco el sol. Te busco en el sol. Me siento en el pasto y te pienso, te pienso, te pienso. Mi ropa se vuelve tibia y tu carita bien nítida. Te deseo feliz no cumpleaños. Me río de mi ocurrencia. Sopla un viento de más y una pelusa me obliga a cerrar los ojos. Me lloran. Los dejo llorar. Dicen que así se lavan las basuritas. No puedo dejar de llorar. Ahí sale, la siento con las yemas de mis dedos. Abro los ojos. Miro y veo un plumín verde diminuto. Lo dejo sobre una hoja del cerco y entro a lavarme la cara. Abro la canilla y, como de costumbre, veo a través de la ventana. Un colibrí se mantiene en el aire cerca del ligustro. Me dan ganas de atraparlo. Sin embargo, te dejo ir.

Veinte

     Tengo ganas de caminar distinto. Apoyarme en mis palmas y ver el mundo al revés por un rato, hoy en especial. Entonces, la copa del árbol sería la raíz y la raíz sus ramas. Entonces, andaría en el cielo y miraría alto para disfrutar las flores colgantes. Tiempo que condiciona. Un tiempo que no es pero me gustaría que fuera. Y yo iría con mi regalo pensado para vos; vos me darías un beso. Me mostrarías tu torta y lo fuerte que soplarías las velas, porque ya sabrías como hacerlo. Sí, todo al revés, ficción vuelta realidad. Por hoy nada más. Entonces, vos, con apenas dos años, todavía estarías.

Veintiuno

     Hoy es un día de ausencia larga. También de vivencias desordenadas. Pienso, por ejemplo, que cuando algo se extiende en el tiempo, por razones naturales, se modifica. ¿Siempre sucede así? Y entonces me vienen a la cabeza esas cataratas que alguna vez visité. Esa agua que caía, sigue cayendo. Inmutable. Imperceptible. Y ahí está mientras nosotros nos hacemos los distraídos o los ocupados. Algunos días de sol y descanso nos permitimos pensar en ellas y casi sentimos gotas que nos salpican. Por unos días esa vivencia nos ronda y queremos que se vuelva más fuerte el recuerdo. Buscamos fotos, videos que nos hablen del sonido del agua, de ese sonido que se nos va con el tiempo y no queremos que se vaya pero sucede. Y nos volvemos a encontrar frente a esa catarata y está igual que cuando la dejamos; que cuando nos dejó.
     Hoy quiero probar cuánto dura un recuerdo cuando lo evocamos; me refiero a la duración de su nitidez. Me siento en el sillón más cómodo de la casa. Cuento bien despacio mientras, de a poco, percibo la imagen que quiero. Hasta veintiuno cuento; después de ese número suena el celular y me distraigo aunque no atiendo. El recuerdo ya no está. Más bien miro la hora y me acuerdo de todo lo que tengo que hacer. Busco la cartera, guardo el celular. Tomo las llaves de casa y abro la puerta con la idea clara de que la caída de las cataratas no se modifica con el tiempo. Mientras cierro la puerta con llave me pregunto si con los ángeles pasará lo mismo. Me quedo unos segundos así, mirando a ninguna parte.



Celina Aste. Profesora de inglés egresada de la Escuela Superior Nacional en Lenguas Vivas “Sofía E. B de Spangenberg”, dicta clases de escritura y literatura en ese idioma. Publicó su primer libro de microficción Todo lo que tenía que crecer en el año 2012. Dos de los relatos incluidos en este libro fueron premiados por la página “El cuento del día”. Participó en el Primer Coloquio de Microficción realizado en C.A.B.A. en 2015. Representó a Buenos Aires en el primer encuentro de microrrelatistas “Córdoba breve” en la ciudad de Córdoba en 2016. Participó de la IX Jornada de microficción en la Feria Internacional del Libro de este mismo año, 2017. Participó en el Congreso Nacional de Literatura David Lagmanovich en la provincia de Tucumán en 2017. Publicó su segundo libro de microficción Erosión en mayo de 2017 de la mano de Editorial Macedonia. Varios de sus microrrelatos forman parte de la antología Entre mate y mate publicada por la editorial peruana Micrópolis en septiembre de 2017.

Comportamientos aberrantes, por Yurena González H.

"Lluvia horizontal", por Juan Yanes


Comportamientos aberrantes

Una parte de su trabajo consistía en programar las entrevistas y grabarlas; otra, en hacer conjeturas en el silencio de la oficina. Su mente había sido un tejido sano que contagió de un cáncer voraz y ágil. Y su mente se pudrió. Era necesario, inevitable. Tenía que pensar como aquellos animales, pero no transformarse en uno de ellos. Se lo decía a sí mismo a menudo. No mientras las amordazaba y mutilaba. Pero sí a menudo.

Que alguien me ayude

Mi cuerpo se llena de escamas y esta pecera se queda pequeña.

Yugular

Aquellos chicos desaparecieron en el bosque, así, sin más. Sobrecogidos y paralizados, decidimos escondernos en nuestras vidas. Después de aquello nos sacudiamos los recuerdos cuando nos alcanzaban. Lo sentía a menudo al pasar por allí: el acecho; algo, en el rabillo del ojo, se movía. Ahora les veo a menudo, de lejos. Nos miramos de la única forma en que podemos: en silencio. A mí también han dejado de buscarme.

El hombre torcido

De diversa y extraña tipología, aquel catálogo de especímenes era el más extraordinario que había tenido en sus manos. Era ciencia y horror a partes iguales: exámenes psiquiátricos, antecedentes, ... Descubrió, con cierta satisfacción, que sus intuiciones nunca le engañaron y que algunas personas estaban rotas por dentro; otras simplemente ya no eran personas. Y luego estaba esta nueva especie: él.

A costa de mi cara

Me despiertan mis propios gritos: las ratas han llegado al hueso. Estás en otro lugar mientras tengo estas horribles visiones de mis muertes. Puede que estés leyendo una historia sobre alguien que le cuenta al espejo sus pesadillas. Y su reflejo no se le parece.

Un gemelo en mi cabeza

Me come la cabeza como quiere. A veces son mis pensamientos, otras, mis emociones o respuestas a una pregunta trivial. Siempre de forma terrorífica, porque quiere hacer de mi vida un filme de serie B. Con sangre incluida, nunca la nuestra. Me agita como esas campanas de cristal con nieve dentro. Alojado en mi cerebro, soy lo único que ha conocido, soy lo único que le mantiene vivo.
¿Y si...?

Not the end, dear

Hay giros narrativos que el escritor no ve venir, ni por parte del narrador ni por la del protagonista. A veces estos ultimos tienen reuniones secretas en las que decretan una conspiración silenciosa. No tan inocente como la falta de colaboración. Va mas allá. La suplantación al 50% es un buen negocio cuando puedes renunciar a tramos de tu vida ficcional. El narrador, orgulloso de matar a su padre, olvida que no es el único hijo homicida.


No eran desinteresadas sus incansable jornadas de trabajo. Las horas, encorvado sobre textos antiguos, los largos días de viaje en el desierto, las semanas en países remotos,  incomunicado. Intentaba encontrar un camino. Una vía de vuelta a su mundo lleno de monstruos, cabezas de serpiente, hombres albinos, plantas gigantes. Era una Dorothy en medio de una océano de insectos inferiores. Sentía que se ahogaba cada década que pasaba aquí. Lo sabemos por sus diarios, que usamos para encontrarle bajo el mar de arena.

***
Yurena González Herrera 
(S/C de Tenerife, 1980). Historiadora, bibliotecaria y escritora.

Actualmente desarrolla un Proyecto de creación de Biblioteca de barrio en San Cristóbal de La Laguna. Se ha formado como Gestora Cultural de Programas y Espacios de Ocio y ha impartido talleres de creación literaria para jóvenes y adultos. Desempeña la Secretaría de la Sección de Literatura y Teatro del Ateneo de La Laguna.

Coorganizó los Encuentros de Escritoras de Microrrelatos en la Librería de Mujeres de Canarias y coorganiza en la actualidad la celebración de los Jueves Literarios.
Ha publicado en obras colectivas: Fricciones (Asoc. Irónica, Asoc. Beecham, 2007); Señales Mínimas (Ediciones Idea, El Corte Inglés, 2012), la trilogía de minitextos Somos Solidarios (Ediciones Idea, 2013) y Universo de Libros (Diversidad literaria, 2017).

Textos suyos han aparecido en revistas digitales de Hispanoamérica (Revista de Ficción Breve Plesiosaurio, Revista Cinosargo, Cita en las Diagonales) y España (El vagón de las artes, Nexo, Scribere).
Participó en el VII  Encuentro Internacional de Literatura 3 Orillas (2012); en el I Encuentro de la Joven Crítica Canaria (2013); en el I Simposio Canario de Minificción (2015) y en el I Encuentro de Escritores Félix Francisco Casanova (2016).

Su primera obra, "El diablo se esconde en los detalles", se publicó por la editorial Escritura entre las nubes en 2016. Actualmente se encuentra preparando su segundo libro.


Luis Ene

Julio Pomar


Luis Ene
Mil e uma Pequenas Histórias

999
Estava quase a chegar quando lhe ocorreu que talvez nunca chegasse realmente. Foi nesse momento que percebeu afinal que se está sempre em viagem.


175
Matou-se lentamente, muito lentamente, por isso, quando estava quase a chegar ao fim, teve que voltar ao início e matar-se de novo. Era um perfeccionista.


172
Os seus últimos pensamentos foram para a mulher e para os filhos. Depois disso nunca mais voltou a pensar. Desde então a vida tem-lhe corrido muito melhor.


677
Estou a atravessar um período muito difícil, disse-lhe ele, e ela olhou-o com ternura. Não sabia ainda que era sempre assim que ele se sentia.



905
Um homem desesperado escreveu uma história maravilhosa com uma porta aberta. Depois entrou na história e fechou a porta atrás dele.



*Porque queria parecer mais magro, certo homem passou a andar na companhia de gordos. E porque queria parecer mais inteligente, passou a andar na companhia de idiotas. Verdade seja dita as coisas não lhe correram bem: os gordos achavam-no idiota, e os idiotas achavam-no gordo.


Pertence ao livro: Às vezes acontece-me esquecer quem sou


Una y mil historias


99

Estaba a punto de llegar a casa cuando sintió que nunca iba a llegar realmente. Fue en ese momento que se dio cuenta que finalmente siempre se está de viaje.


175

Se mató lentamente, muy lentamente, por eso cuando estaba a punto de llegar al fin, tuvo que regresar al inicio y matarse de nuevo. Era un Perfeccionista.


172

Sus últimos pensamientos fueron para la mujer y para sus hijos. Después de decirlo nunca más volvió a pensar. Desde entonces la vida le ha fluido mucho mejor.


676

Estoy a travesando por un período muy difícil, le dice, y ella lo miró con ternura. No sabía todavía que él siempre se sentía así.

905
Un hombre desesperado escribió una historia maravillosa con una puerta abierta. Después entró en la historia y cerró la puerta tras él.


*Porque quería parecer más delgado, cierto hombre comenzó a frecuentar la compañía de los gordos. Y como quería parecer más inteligente, comenzó a buscar la compañía de idiotas. En verdad las cosas no se le dieron bien: los gordos pensaban que era idiota y los idiotas pensaban que era gordo.
* pertenece al libro Muchas veces me sucede olvidar quien soy

Traducción: Sergio Astorga






Luis Ene
Luis Nogueira firma como Luis Ene. Detesta escribir notas autobiográficas. Es licenciado en derecho. Reside en Faro, Portugal. Representante destacado de la micro ficción portuguesa.

http://luis-ene.blogspot.pt/




Gonçalo M. Tavares

                                                        Manuel Alvarez Bravo


Gonçalo M. Tavares

Short Movies

O Táxi

Uma mulher levanta o braço. Está no passeio. Não tem pressa, mas levanta o braço e acena com a mão. O táxi não pára.
A mulher veste calças elegantes, castanhas. Tem um lenço ao pescoço.
De novo, vemos a sua mão levantada a acenar. Outro táxi que não pára.
A mulher está sorrir. É bonita. Levanta o braço de novo. Estamos sempre a vê-la, a ver o seu entusiasmo sorridente. Mas não, de novo o táxi não pára. Também vazio, mas não pára.
O plano agora abre-se mais. Vemos a mulher, sim, as suas calças elegantes castanhas. E, junto aos seu pés, um corpo inerte; provavelmente morto.


O lixo

No lixo, procuram-se alimentos,
A mãe tem a ajuda da pequena filha.
Encontram um rádio e ficam contentes. E quem passa não percebe. Procuravam comida e aquilo, o que elas encontraram, não se come.
Mas o certo é que, como se levassem um banquete escondido debaixo da roupa, a mãe e a menina fugiram dali, muito rápido.


Aprender

Uma criança que ainda não sabe escrever diz que odeia os pais.
E quer escrever isso no papel: que odeia os pais.
Sabe algumas letras, mas ainda não sabe escrever. Pergunta à mãe como se escreve o nome dela e o do pai. A mãe diz-lhe, soletra, explica. Depois o menino pergunta como se escreve odeio-vos. A mãe hesita, mas depois soletra, explica, ajuda a desenhar as letras.

O cavalo

Um cavalo parado; presa a ele uma carroça parada. Na carroça, dois corpos com uma corda ao pescoço e mão amarradas atrás das costas. Estão mortos.
Voltamos ao cavalo. Está parado. Aguarda qualquer coisa. Uma ordem, talvez. Mas o cavalo não percebe nada. É muito estúpido.


Shorts Movies


El Taxi

Una mujer levanta el brazo. Está en la banqueta. No tiene prisa, mas levanta el brazo u hace una señal con la mano. El taxi no se detiene.
La mujer viste pantalones elegantes, cafés. Tienen una mascada en el cuello.
De nuevo vemos su mano levantada a señalar. Otro taxi que no se detiene.
La mujer sonríe. Es bonita. Levanta el brazo de nuevo. Estamos siempre a verla, a mirar su entusiasmo sonriente. Pero no, de nuevo el taxi no se detiene. También va vacío, pero no se detiene.
El plano se abre más ahora. Sí, vemos a la mujer, sus elegantes pantalones cafés. Y, junto a sus pies, un cuerpo inerte; probablemente muerto.



La basura

En la basura se buscan alimentos.
La mamá tiene ayuda de su pequeña hija.
Encuentran un radio y quedan contentas.  Quien pasa no se da cuenta. Buscaban comida y aquello, lo que ellas encontraron, no se come.
Pero lo cierto es que, como si llevaran un banquete escondido debajo de la ropa, la mamá e y la niña huyeron de allí muy rápido.



Aprender

Un niño que todavía no sabe escribir dice que odia a los padres.
Y quiere escribir eso en un papel: que odia a los papas.
Sabe algunas letras, pero todavía no sabe escribir. Pregunta a la mamá cómo se escribe el nombre de ella y del papá. La mamá le dice, deletrea, explica. Después el niño pregunta cómo se escribe los odio. La mamá vacila, pero después deletrea, explica, ayuda a dibujar las letras.



El caballo

Un caballo parado; preso a él una carroza parada. En la carroza, dos cuerpos con una cuerda al cuello y manos amarradas a la espalda. Están muertos.
Volvemos al caballo. Está parado. Aguarda alguna cosa.
Una orden, tal vez. Pero el caballo no entiende nada. Es muy estúpido.



Traducción: Sergio Astorga




Gonçalo M. Tavares nació en Luanda, Angola 1970. Desde 2001 publica en diferentes géneros literários. Ha sido traducido a más de 50 países. Premio José Saramago 2015.

Short Storis se publicó en 2011


Microrrelatos de Daniel Bernal Suárez


 
Foto: Juan Yanes

CRISIS DE REPUTACIÓN

Tiene que comprenderlo. Hoy en día cada uno de nosotros representa una marca personal. Debemos proyectar una imagen consistente con lo que ofrecemos. Vendemos nuestros conocimientos, nuestra experiencia. Hay que diferenciarse de la competencia para conquistar el mercado, pero sin originar aspavientos o escándalos. Por eso es tan importante cultivar una buena imagen y no dar lugar a equívocos. Así que, lamentándolo mucho, señor Lázaro, debo rechazar su solicitud para el puesto de trabajo. Tiene que comprenderlo. Buscamos frescura y usted aún arrastra ese olor a muerto. Permítame que le haga una recomendación: piénselo mucho antes de hacer un nuevo cambio de look entre vivo o muerto. De semejante crisis de reputación muy pocos se salvan.


DON NADIE

A los trece años sufrió las burlas de sus condiscípulos: replicó con el silencio. La turba de jóvenes murmuraba sobre sus incapacidades: él era el más lento y torpe en los ejercicios físicos, el más huraño y difícil de trato y, a pesar de que el único rasgo sobresaliente era su inteligencia, se veía entrecortada a menudo por una agresiva timidez que se interponía. Años más tarde recordó el denigrante mote con el que lo tildaban: era un don nadie. Esa fue la identidad que asumió cuando aquel rústico cíclope le inquirió su nombre.
Nadie, soy don Nadie, Polifemo – respondió Ulises.


SU RESTAURANTE DE REFERENCIA

En nuestras instalaciones podrá saciar su apetito con total tranquilidad. Ningún agente externo le vigilará ni incomodará su indomeñable fruición con preguntas inoportunas sobre la procedencia del manjar. Sorberá el líquido manantial de rojo purísimo. Paladeará la carne más fresca, seleccionada con rigurosos controles de calidad, higiene y hermosura. Visítenos. Abrimos de lunes a lunes, 24 horas al día. Nos apasiona nuestro trabajo, por eso aunamos calidad y entrega, profesionalidad y exquisita atención al cliente. No descuidamos a las víctimas. Únicamente ofrecemos individuos sanos y bellos. Porque nos gusta ser el restaurante caníbal de referencia.


LA CASA

En algún lugar de la casa hay un cadáver.  Usted intentará encontrarlo. Para ello explorará habitaciones caóticas, abrirá innumerables compuertas, sorteará obstáculos sin cuento. Pero el tiempo correrá en su contra. En algún lugar de la casa el cuerpo estará descomponiéndose y usted teme que no lo hallará nunca. La casa, de arquitectura insondable, tiene sus propias leyes. Hará frente a infatigables pasillos, áridas trampas y una manada de seres de conversación insulsa que aparecerán y desaparecerán en cuestión de instantes. Entonces pensará que la casa es un artilugio de solaz o de sufrimiento, pero impermeable a la comprensión. Urdida por una mente siniestra, la casa perdura en la eternidad. Tic tac, tic tac. Las ratas roerán los últimos huesos del cuerpo, y usted sabe que semejante demora en encontrarlo hará que se extingan las pistas del crimen. No tendrá al asesino, no descifrará la casa. Ha nacido aquí y aquí habrá de morir sin remedio. Un día, pasados muchos años, cruzará por casualidad una puerta. Se sentará, de modo inconsciente, sobre una silla. Sin fuerzas, sin rencor, sin dudas, exhalará su último suspiro. Y entonces habrá entendido todo. El cadáver del que le he hablado y que buscaba con denuedo en toda la casa era usted mismo.

«CUIDADO, HAY TIGRES»   

Los mapas, cuya cifra es el deseo, encierran entre trazos de montañas y ríos innumerables, enigmas, porciones variables de error, obstinadas reincidencias en el tormento. Nadie encuentra en el mapa el aguijón de avispa que nos picó en la infancia, la hermosura que nos sedujo y dejó una herida supurante en la segunda década de nuestra vida, los fracasos y denuedos que pueblan cada instante. Semejante acopio de informes volvería ilimitable la extensión de una urbe, su representación cartográfica. Al contemplar un mapa debiéramos adivinar entonces, y quizás como único rastro de nuestra biografía, entre los signos de calles populosas, justo enfrente de la entrada de nuestra casa, una advertencia que pudiera salvarnos de las fauces de las bestias que nuestro enemigo hubiera abandonado allí para nuestra perdición definitiva. Un simple cartel que dijera: «Cuidado, hay tigres».


AMOUR FOU

En el incendio me hice generoso. Las llamas me reclamaron y yo, insensible a los demás hasta ese momento, me entregué a su voracidad con alegría y complacencia. El fuego me poseyó apasionadamente.


ERROR DE NOVATO

Respire usted más despacio –le dije al fantasma–. Tenga en cuenta que siempre es difícil adaptarse a estas cosas.


MIEDO A LA LUZ

Mis zapatos tienen miedo a la luz. Cada vez que abro el armario y busco en los cajones inferiores, ellos se arremolinan contra las esquinas, buscando los resquicios de oscuridad. Debo introducir el brazo hasta el fondo, y escucho entonces sus diminutos gritos y protestas. Cuando alcanzo a coger algún par y los extraigo, sus cuerpecitos tiemblan. De poco valen mis palabras de consuelo. Los estertores continúan hasta pasadas unas horas. Terminan por agotarse y es en ese momento en que puedo caminar tranquilo, sin las constricciones y mordiscos continuos a mis pies. Ya no sé qué hacer con ellos. Tendré que llamar a un psicólogo.


Daniel Bernal Suárez (España,1984)

Poeta, narrador, crítico literario y gestor cultural. Ha cursado estudios de Ciencias Biológicas y Antropología Social y Cultural. Presidente de la sección de Literatura y Teatro del Ateneo de La Laguna. Ha recibido, entre otros, los premios de poesía Ciudad de Tacoronte (2008), Luis Feria (2011) y Pedro García Cabrera (2013). Ha publicado los poemarios Escolio con fuselaje estival (2011), Corporeidad (2012), Odiana (2014) y El tiempo de los lémures (2014).
Dirigió la revista literaria de creación y crítica La Salamandra Ebria. Sus poemas, microrrelatos y ensayos han aparecido en diversos medios. Su web es: danielbernalsuarez.com