ANTOLOGÍA DE MINIFICCIONES «HUELLAS DE LA MEMORIA»

 



LISTA DE SELECCIONADOS/AS PARA INTEGRAR LA ANTOLOGÍA DE MINIFICCIONES «HUELLAS DE LA MEMORIA», 2024.

 

 

Mariángeles Abelli Bonardi

Lilian Aguilar de Andreutti

Liliana Aguilar Orantes

Gabriela Aguilera V.

Miguel Alavez

Jesús Alcañiz García

Pilar Alejos Martínez

María Belén Alemán

Esther Andradi

Cecilia Aretio A.

Rosa María Argumedo Crispin

Denise Armitano C.

Josep Maria Arnau de Bolós

Sergio Astorga

Sonia G. Ayala Cano

Karla G. Barajas Ramos

Francisca Barbero Las Heras

Romina Andrea Barboza

Sandra Barrera Andrada

María Antonieta Barrientos

Alex Daniel Barril S.

Pía Barros

Alejandra Basualto

Márcia Batista Ramos

Jorge Betancourt

Elena Bethencourt

Raúl Brasca

Natalia Bronfman

Ricardo Bugarín

Margarita Bustos

David Cabarcas Salas

Damaris Calderón

Ricardo Camarena Castellanos

Marylena Cambarieri

Nélida Cañas

Diego Carvajal Gallego

Homero Carvalho O.

Guillermo A. Castillo

David Castro Ríos

Graciela Chávez

Lilian H. Cheruse

Dimitra J. Christodoulou

Sara Coca

Carmen Concha-Nolte

Eduardo Contreras Villablanca

Amalia C. Cordero Martínez

Ingrid Córdova Bustos

Fabián Cortez González

Patricia Dagatti

Elisa de Armas

Paola De La Jara Valdez

Carmen de la Rosa

Ana María Devaud

Edgar Díaz

Lorena Díaz Meza

Carmen Dorado Vedia

Luciano Doti

Brian Elphick Kriz

Lilian Elphick Latorre

Cristopher Escamilla

Hernando Escobar Vera

Lorena Escudero S.

Liliana Espinoza Tobón

Jorge Etcheverry A.

Álvaro Fajardo López

Gianmarco Farfán Cerdán

Julio E. Flores

Miguelángel Flores

Zulma Fraga

Denise Fresard

Jésica Galeano Jarcousky

Blanca García Monge

Daniel S. García Torres

Génesis García

María Maite García Díaz

Mariano García Miqueo

Rubén García García

Walter Garib

Luis Héctor Gerbaldo

Eliah Germani

Clara Gonorowsky

Virginia González Dorta

Yurena González Herrera

Adriana Goñi Godoy

Eduardo Gotthelf

Ana Grandal

Mercedes Guanchez

Olivia Guarneros

Orlando Guevara

M. Julia Guzmán

Raquel Guzmán

María José Hernández López

Karla I. Herrera

Eduardo Honey

Guillermo Hormazábal Salgado

Leonel Huerta

Luisa Hurtado G.

Sergio Infante

Maritza Iriarte

Santiago Jiménez de Ory

Ethel Krauze

Mirta Krevneris

Mario César Lamique

Boris Lara Z.

Alfredo Lavergne

Esther Lázaro Sanz

Mauricio León

Andrea Leyton

Elisa Logan

Susana López Malo Lezama

María Elena Lorenzin

Raquel Lozano Calleja

Ángel Málaga

Magdalena Noemí Maldonado

Melina Marino

Ana María Martinengo

Sara Paola Mateos G.

Laura V. Medel

Marcelo Medone

Alexei Mendoza Moreno

A.C. Mercado-Harvey

Juan Mildenberger

Edgardo Molina

Josefa Molina Rodríguez

Israel Montalvo

Camilo Montecinos G.

Mauricio Montoya Vásquez

Ángeles Mora Álvarez

Chris Morales

Patricia Morales Betancourt

Fabiola Morales Gasca

Yansey Morales Marín

Omar Moreno

Diego Muñoz Valenzuela

Luis Ignacio Muñoz

Bárbara Muñumer

Carmen Nani

Patricia Nasello

Ildiko Nassr

Paulo Neo

Laura Nicastro

Stergios Ntertsas

Scarlette Orozco

Amelia Orta

Zarela Pacheco

Cecilia Palma J.

Martín Paris

Pedro Peinado Galisteo.

Jorge Pérez-Guillén

Gabriel Pérez Martínez

Marcos Andrés Pérez F.

Ruth Pérez Aguirre

Roberto Perinelli

María Pinto del Solo

J. B. Polk

Bel Porazza

Estela Porta

Graciela Poveda

María Isabel Quintana

Jorge Quispe Correa A.

Katalina Ramírez Aguilar

Said Vladimir Ramírez Téllez                               

Gabriel Ramos

Ilich Rauda

Nanim Rekacz

Mariela Ríos Ruiz-Tagle

Anita María Riquelme Suazo

Patricia Rivas Morales

Marcos Robledo

Adriana Azucena Rodríguez

Saturnino Rodríguez Riverón

Nana Rodríguez Romero

Ricardo Rodríguez Santos

Ernesto Rojas

Graciela Roque García

Silvia Rózsa

Silvina Rufino

Leidy Salas Obando

Carlos Enrique Saldívar

Maruja Salgado

Alberto Sánchez Argüello

Chema Sánchez

Claudia Sánchez

Angélica Santa Olaya

Elena Sanz Revuelta

Norah Scarpa Filsinger

Manuel Serrano

Audberto Trinidad Solís

Florentino Sotelo Alaniz

Eliana Soza M.

Susana Szwarc

Lluís Talavera

Fiona Taler

Roger Texier

Luis C. Torrico

Raquel Traverso R.

David E. Trigo Rodríguez

Alberto Uriarte Amasifuen

Ariel Amador Valdez

Alfonso Valencia

Eduardo Vardé

Ángeles Vázquez Estrada

José Luis Velarde

Manuela Vicente Fernández

Cristián Vila Riquelme

Gabriela Vilchez

Claudia Villafañe Correa

Toti Vollmer

Cristina Wormull Chiorrini

Leonel Alí Zanotelli Correa

Alejandro Zapata Espinosa

Omar Julio Zárate

Daniel Zetina

 

 

ILUSTRADORES/AS

 

Gino Curiel Rondini

Diego Carvajal Gallego

Homero Carvalho O.

Jorge Etcheverry

Julio E. Flores

Patricia Morales Betancourt

Omar Moreno

Scarlette Orozco

Katalina Ramírez Aguilar

Ángel Bejarano

Maruja Salgado

José Luis Velarde +

Claudia Villafañe Correa

 

 

 

Sergio Astorga

 

«ANIMALIA», DE LILIAN ELPHICK

 


 Por Eddie Morales Piña

Comienzo la crónica con una afirmación que bien pudiera ser la conclusio de nuestro escrito acerca de la escritora Lilian Elphick; sin duda, que estamos frente a una maestra en el género del tercer milenio, el microrrelato, o como quiera ser denominado, porque se le puede llamar minicuento, microcuento, cuento en miniatura, microficción y un largo etcétera. El texto que hemos leído recién en formato digital nos reafirma la idea de que Lilian es una narradora excepcional en el relato ultracorto -otra denominación. Conocí a la autora de Animalia, un pequeño volumen -como la escritura que contiene- en Valparaíso el año 2004 en un congreso internacional de teoría, crítica y creación literaria sobre el relato que puede ser leído a la espera del verdugo, como alguien dijo por ahí. Después le seguí su huella escrituraria en diversos textos donde ha demostrado su experticia en este género discursivo que se remonta a épocas lejanas, aunque ahora se le ubica a partir del siglo pasado. Probablemente, por ejemplo, el Arcipreste de Hita o don Juan Manuel no sabían que cuando concluían sus relatos con aforismos o dísticos estaban entregando la semilla de lo que se convertiría andando el tiempo en los textos mínimos, incluido aquellos de una sólo línea como el famoso y reescrito dinosaurio de Monterroso.

El microrrelato se emparienta con el cuento. Esto es aquella especie narrativa que fue primero que la novela. La narratividad es la condición de ambas formas discursivas, sólo que en el relato mínimo los códigos del acontecer, del espacio y el tiempo están concentrados al máximo, por eso que puede ser una sola línea, un dístico, o un párrafo. En este carácter sintético se esconden las múltiples resonancias estéticas e interpretativas que pueden generar estos escritos. Si escribir un cuento que gane por knock out es una proeza, con mayor razón lo es el microrrelato. Lilian Elphick lo ha logrado con creces. Tiene una imaginación sorprendente que logra convertirla en relato mínimo. De más está decir que en esta minúscula forma escrituraria, la ironía, la parodia, la intertextualidad, lo carnavalesco, lo lúdico, la sorpresa del desenlace y otras manifestaciones retóricas se muestran en plenitud al lector.

Animalia es un conjunto de más de una veintena de textos mínimos, además de una sección que se denomina Nostalgia de los días por venir. Esta es una secuencia narrativa de seis narraciones que parecieran ser autónomos -así se leen-, pero que en el trasfondo son una sólo unidad significativa. La clave interpretativa nos indica que los primeros textos se relacionan con la otra secuencia en tanto que formamos parte de un solo reino: animalia. El título del volumen nos parece genial. Los relatos tienen como protagonista a los hermanos menores, como diría San Francisco de Asís. En vez de animales, Lilian Elphick usa la denominación de animalia lo que le da al contenido un sentido más cercano y de empatía con lo zoológico. Efectivamente, el reino de animalia nos conecta con una diversidad de seres que forman parte de un mundo biodiverso. La animalia de Lilian va por este derrotero con la salvedad de que no se trata de una descripción morfológica -pues incluye animalia imaginaria-, sino que como obra literaria nos sumerge en la ficción mediante procedimientos retóricos, como la relectura de algún clásico de la literatura -Kafka, siempre Kafka, el imprescindible- o bien apelando a la enciclopedia cultural de quien lee, como en el caso de la perrita Laika o del empampado Riquelme. Por otra parte, hay una actitud por parte de los narradores -Lilian, pero trasmutada en el lenguaje en un emisor- en que se apela a la defensa de quienes forman parte de la casa común -el Oikos de los griegos- es decir, los hermanos menores junto a los humanos. El texto con que se abre este volumen de Lilian es magistral. El cazador sobresaliente que termina siendo cazado frente a una tigresa y sus crías: llamado a aniquilarla con su rifle y puntería experta, en el momento recuerda a todos la animalia masacrados y cuyas cabezas disecadas formaban parte de su decoración hogareña y baja el rifle. El relato tiene un desenlace que no divulgaré. El texto Bobby -nombre perruno habitual- nos revela la triste realidad de los caninos o felinos abandonados o extraviados. Bobby -referencia intertextual a la novela Patas de perro de Carlos Droguett- a través de su propia habla da cuenta de su forma mísera que se puede extrapolar a la condición humana. Relato maestro. En Unicornios, Lilian nos lleva a la imaginería de la animalia literaria, fantástica, maravillosa, donde se entrecruza la realidad y lo imaginario mediante un tapiz medieval. La perrita Laika para todos quienes fuimos coetáneos inmediatos de la carrera espacial entre las dos potencias que se disputaban el espacio sideral, es un icono de la incuria de la especie humana. Una indefensa animalia lanzada hacia lo desconocido en una cápsula hermética en busca del saber humano, pero a costa de un hermano menor. El microrrelato Laika nos recrea en dos párrafos tamaña felonía con una conclusión apabullante. En El don la autora reinterpreta de manera magistral la presencia de Gregorio Samsa el protagonista de la novela de Kafka, La metamorfosis. El relato tiene como voz narrativa a Gregorio quien interpela a Franz y el desenlace es sorprendente.

En síntesis, Animalia, la obra con que Lilian Elphick se hizo acreedora del primer premio del Certamen Internacional de Libros de Microficciones Premio Manuel Peyrou 2023 de Argentina, es un libro que no hace más que corroborar nuestra afirmación inicial: estamos frente a una maestra en el género del microrrelato. Quien se adentre en su lectura no quedará defraudado, sino, por el contrario, estéticamente sorprendido y agradado.

*

(Lilian Elphick. Animalia. Argentina. EOS. Escuela de Oficios y Saberes. 2024. 48 pág.)

 

Quienes quieran leer Animalia:

Descarga gratuita, AQUÍ

*

Originalmente en Espacio Regional.

 

 

Foto: Fernando Alarcón

 

RICARDO BUGARÍN: «DESARMADERO»

 

Francisco Luis Goldar

 

EL VIAJE

 

Rumiaba la rústica oración mientras a puro pilón despanzurraba maíz en el vertical mortero. Le habían dicho que el Tata, aún después de muerto, la cuidaba.

Cuando llegó la indiada, no se salvaron ni los cinco adobes del rancho ni los chivos que en el corral dormitaban.

Y Amancia amaneció transportada.

 

 

UN PORVENIR

 

Beatriz se inclinó sobre la lápida de Anselmo y volvió a sentir aquel dolor en el vértice central del bajo vientre pero ya sin la intensidad de la sorpresa y la desesperación de la primera vez mientras él le tomaba de los puños e intentaba calmarla repitiéndole, quedamente: ¡cielo, cielo!

Repasó lentamente las lacónicas palabras que reconocieron las yemas de sus dedos y elevó la vista. En la distancia que da el recuerdo volvió a ver la huerta de frondosos nogales y la galera detenida a la vera de una antigua higuera. Revivió la apaciguada felicidad que se avenía pero eso no alcanzó para eludir el recuerdo de la sordidez del sonido, del último estertor de un cuerpo que se derrumba y la sangre joven que tiñó aquella espalda cuando el arma, de un padre señero, puso punto final a un porvenir de desaciertos.

No hubo estrepitoso llanto. No se gastaron preguntas ni reproches.

Cuando en la alta noche el padre abrió la puerta del recinto, una segura y calma voz emitió sonido:

—«Las hijas obedientes están hechas para mejores destinos».

 

 

EJERCICIO DE COMPRENSIÓN LECTORA

 

La muchacha lee las indicaciones y mira a la abuela. Lee las contraindicaciones y vuelva a mirar a la abuela. Se dice para sí: con todo esto la mato a esa pobre vieja. Camina hacia el fondo y tira todo por el retrete.

 

 

DESARMADERO

 

La niña se metió en la bañera. Las burbujas de jabón creaban un escenario destellante sobre el agua. Tomó la esponja y se entretuvo un largo momento observándola despaciosamente y luego la hundió en las aguas transparentes.

Sacó una pierna y la dobló suavemente. Desprendió el pie con lentitud y cada dedo fue retirado con un cuidado ritual de no iniciado. Hizo lo mismo con la otra pierna y se entretuvo, largamente, con la incipiente callosidad que advirtió en el talón izquierdo.

Retiró un pecho que, al igual que hiciera con la esponja, sumergió con alta tenuidad en las aguas. El otro quedó suspendido en la superficie.

Prosiguió con su cabellera que despojó con maestría de su cabeza y quedó como un alga flotante a lo largo de la bañera.

Desprendió la boca con una presteza apabullante y retiró la dentadura que se desarticuló danzarinamente. Continuó con sus ojos, uno a cada tiempo, retirando glóbulo, párpados, pestañas y desprendió las cejas. Quitar la nariz fue un solo movimiento. Las orejas, de izquierda a derecha, se hundieron en las aguas.

Arrancó su cabeza ya sin rostro y avanzó meticulosamente.

Ya desprendido el brazo izquierdo, fue plegado. Separó del mismo la correspondiente mano y desarticuló ritualmente cada dedo.

Renovó la operación con su brazo derecho ayudándose con el borde de la grifería.

Y sumergió plácidamente el torso ya seccionado de su zona pélvica.

Se estuvo meciendo como en una gran pecera.

De repente el hombro derecho desplazó el tapón de la bañera.

La niña fue toda escurridiza.

 

 

RESABIOS DE LECTURAS

 

Habíamos leído en Vosotras todos los prodigios del amor. Parece que lo que da mejores resultados es el uso de filtros. Mis primas se inclinaron por hacer pruebas y, desde entonces, andan machacando todo cuanto encuentran o se les ocurre a fin de lograr la combinación exacta. Mi hermana, mucho más realista, anda todavía besando sapos.

A mi edad sólo espero que los príncipes vengan en cualquier color pero, eso sí, que traigan lo necesario.

 

***

 

Ricardo Bugarín.(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962). Escritor, investigador, promotor cultural. Publicó: “Bagaje” (poesía, 1981) y “Textos hallados en una roca” (Micropoesía, 2020).  En el género de la Microficción ha publicado: “Bonsai en compota” (Macedonia, Buenos Aires, 2014),“Inés se turba sola”  (Macedonia,  Buenos Aires,2015),  “Benignas Insanías” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) ,“Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017) y “Anecdotario” ( Quarks, Lima, Perú, 2020).

Textos de su libro “Bonsai en compota” fueron traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitier, Francia.

 

Ilustración: Arte Digital del artista Francisco Luis Goldar.

 

 


 

TEXTOS BREVES DE WALTER BENJAMIN

Derek Fenner

 

Gasolinera

 

La construcción de la vida se halla, en estos momentos, mucho más dominada por hechos que por convicciones. Y por un tipo de hechos que casi nunca, y en ningún lugar, han llegado aún a fundamentar convicciones.

Bajo estas circunstancias, una verdadera actividad literaria no puede pretender desarrollarse dentro del marco reservado a la literatura: esto es más bien la expresión habitual de su infructuosidad. Para ser significativa, la eficacia literaria sólo puede surgir del riguroso intercambio entre acción y escritura; ha de plasmar, a través de octavillas, folletos, artículos de revista y carteles publicitarios, las modestas formas que se corresponden mejor con su influencia en el seno de las comunidades activas que el pretencioso gesto universal del libro. Sólo este lenguaje rápido y directo revela una eficacia operativa adecuada al momento actual. Las opiniones son al gigantesco aparato de la vida social lo que el aceite es a las máquinas. Nadie se coloca frente a una turbina y la inunda de lubricante. Se echan unas cuantas gotas en roblones y junturas ocultas que es preciso conocer.

 

¡Cuidado con los peldaños!

 

 El trabajo en una buena prosa tiene tres peldaños: uno musical, donde es compuesta; uno arquitectónico, donde es construida, y, por último, uno donde es tejida.

 

Peluquero para señoras quisquillosas

 

 Detener una mañana en sus camas, sin decir nada, a tres mil damas y caballeros del Kurfürstendamm, y tenerlos veinticuatro horas en la cárcel. Distribuir a medianoche, en las celdas, un cuestionario sobre la pena de muerte, pidiendo a sus firmantes que indiquen el tipo de ejecución que, llegado el caso, elegirían a título personal. Quienes hasta entonces solían expresarse «según su leal entender» y sin que nadie se lo pidiera, tendrían que rellenar ese documento bajo estricta vigilancia y «según su leal saber». Antes del amanecer,sagrado desde siempre, pero consagrado en este país al verdugo, se habría esclarecido la cuestión de la pena de muerte.

 

Primeros auxilios

 

 De golpe pude abarcar con la mirada de un barrio totalmente laberíntico, una red de calles que durante años había yo evitado, el día en que un ser  querido se mudó a él. Era como si en su ventana hubieran instalado un reflector que recortara la zona con haces luminosos.

 

Oficina de objetos perdidos

 

 Objetos perdidos

 

 Lo que hace tan incomparable e irrecuperable la primera visión de una aldea o de una ciudad en medio del paisaje es el hecho de que, en ella, la lejanía y la proximidad vibran estrechísimamente unidas. La costumbre aún no ha culminado su labor. No bien empezamos a orientarnos, el paisaje desaparece de golpe como la fachada de una casa cuando entramos en ella. Aún no ha conseguido imponerse gracias a la exploración constante, convertida en costumbre. Una vez que empezamos a orientarnos en algún lugar, aquella imagen primera no podrá reproducirse nunca más.

 

Objetos hallados

 

Esa lontananza azul que no cede a ninguna proximidad ni se diluye a medida que uno se le acerca, que tampoco se extiende prolija y pretenciosa ante quien se aproxima, sino que sólo se yergue frente a él más hermética y amenazadora, es la lontananza pintada de los bastidores. Esto confiere a los decorados teatrales su carácter incomparable.

 

Avisador de incendios

 

La idea de la lucha de clases puede inducir a error. No se trata de una prueba de fuerza en la que se decide la cuestión de quién vence o quién sucumbe, ni de un combate a cuyo término le irá bien al vencedor y mal al vencido. Pensar así es disimular los hechos bajo un tinte romántico. Pues, ya salga vencedora o sucumba en el combate, la burguesía está condenada perecer por las contradicciones internas que, en el curso de su evolución, habrán de resultarle fatales. La pregunta es únicamente si perecerá por sí misma o a manos del proletariado.

Su respuesta decidirá sobre la pervivencia o el final de una evolución cultural de tres milenios. La historia nada sabe de la mala infinitud contenida en la imagen de esos dos luchadores eternamente en pugna. El verdadero político sólo calcula a plazos. Y si la abolición de la burguesía no llega a consumarse antes de un momento casi calculable de la evolución técnica y económica (señalado por la inflación y la guerra química), todo estará perdido. Es preciso cortar la mecha encendida antes de que la chispa llegue a la dinamita. La intervención, el riesgo y el ritmo del político son cuestiones técnicas … no caballerescas.

 

¡Cerrado por obras!

 

 Soñé que me quitaba la vida con un fusil. Cuando salió el disparo, no me desperté, sino que me vi yacer, un rato, como un cadáver. Sólo entonces me desperté.

 

Asistencia técnica

 

 Nada hay más pobre que una verdad expresada tal como se pensó. En un caso así, ponerla por escrito no equivale ni siquiera a una mala fotografía. Además, la verdad (como un niño, como una mujer que no nos ama) se niega a quedarse tranquila y sonreír ante el objetivo de la escritura cuando nosotros nos acomodamos bajo el paño negro. Bruscamente, como de golpe quiere ser arrancada de su ensimismamiento y sobresaltada por alborotos, música o gritos de auxilio. ¿Quién querría contar las señales de alarma con las que está equipado el interior del verdadero escritor? Y «escribir» no significa otra cosa que ponerlas en funcionamiento. Entonces la dulce odalisca pega un salto, agarra lo primero que cae en sus manos en el desorden de su alcoba, nuestra caja craneana, se envuelve en ello, y huye así de nosotros; casi irreconocible, hacia la gente. Pero ¡qué bien constituida ha de estar, y qué salud tan sólida la suya para presentarse entre ellos así, disfrazada, acosada, aunque victoriosa y adorable!

 

La técnica de un crítico en trece tesis

 

I. El crítico es un estratega en el combate literario.

II. Quien no pueda tomar partido, debe callar.

III. El crítico nada tiene que ver con el exégeta de épocas artísticas pasadas.

IV. La crítica debe hablar el lenguaje de los artistas. Pues los conceptos del cénacle son consignas. Y sólo en las consignas resuena el grito de combate.

V. La ‘objetividad’ deberá sacrificarse siempre al espíritu de partido cuando la causa de combate merezca realmente la pena.

VI. La crítica es una cuestión moral. Si Goethe no comprendió a Hölderlin ni a Kleistm ni a Beethoven y Jean Paul, esto no atañe a su comprensión del arte, sino a su moral.

VII. Para el crítico, sus colegas son la instancia suprema. No el público. Y mucho menos la posteridad.

VIII. La posteridad olvida o enaltece. Sólo el crítico juzga en presencia del autor.

IX. Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases. Cuanto menos se lo haya estudiado, mejor. Sólo quien pueda destruir podrá criticar.

X. La verdadera polémica aborda un libro con la misma ternura con que un caníbal se guisa un lactante.

XI. El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico. En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en el combate de los espíritus.

XII. El arte del crítico in nuce: acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las consignas de una crítica insuficiente malbaratan el pensamiento en aras de la moda.

XIII. El público deberá padecer siempre injusticias y, no obstante, sentirse siempre representado por el crítico.

 

***

En: Walter Benjamin. Dirección única, Madrid: Alfaguara, 1987.

ROGELIO DALMARONI: «LOS SUEÑOS DE SHI HUANG»

 

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EL LECTOR

 

Luego de unos meses y con algunos cuentos ilegibles de tan corregidos, la idea de que no tenía sentido continuar escribiendo se volvía más recurrente y agobiante.

Fui perdiendo paulatinamente el entusiasmo.

En otoño comencé a sentir una levedad creciente.

Me fui transformando en un papel con mis cuentos agonizando;

arrugándome más y más…me hice un bollo…y caí en el cesto.

En el basural un cartonero abrió el papel leyó los cuentos y se emocionó.

 

EL PUNTO

 

Hoy no escribí una palabra, ni una letra.

Solo atiné a hacer un punto, que creó un vacío estremecedor.

Se fue extendiendo. Y se hizo más hondo, primero la hoja…luego el escritorio…después la casa...

Perplejo, salí corriendo…pero ya no vi las estrellas.

Supe, entonces, que era el punto final.

 

LOS SUEÑOS DE SHI HUANG

 

—Soñé que te encontrabas con el aristócrata Siang Yu —le dijo el emperador Shi Huang a la emperatriz.

Como Shi Huang creía que sus sueños eran premonitorios, por ser señales del cielo, le ordenó a su ministro Li Se que la mataran por traición en la madrugada.

Señor  —le dijo Li Se—  usted soñó hace un tiempo que los campesinos se insurreccionaban al enterarse que la emperatriz sería ajusticiada.

El emperador, aunque no logró recordar ese sueño, decidió suspender la ejecución. Prefirió la traición de la emperatriz a tener una rebelión en el imperio.

Li Se y la emperatriz ocultaron su romance hasta la muerte repentina de Shi Huang pocos días después.

 

DESBORDE 

 

Durante siglos los peones al llegar al casillero 8 se coronaban reina.

En abril de 1789 durante un torneo en las afueras de París, en un clima de revuelta popular, dijeron basta. Decidieron seguir siendo peones.

El tablero fue tomado y los reyes hechos rehenes.

El comité internacional suspendió el torneo y amenazó con eliminar a los peones del juego.

Fue la chispa que encendió los tableros.

En los torneos alrededor del mundo los peones exigieron la reforma y los jugadores se solidarizaron con ellos.

El comité prohibió el ajedrez.

La rebelión se extendió como reguero de pólvora a toda Europa.

Surgió entonces con una fuerza inusitada un nuevo reclamo: la abolición de las coronas.

El 14 de julio de ese año se produjo la toma de la Bastilla en París.

 

RUTINA     

    

Se levantó el domingo media hora más tarde que el resto de la semana, preparó el desayuno, le dio de comer a los gatos y a la perra, recogió el diario en el buzón y se sentó debajo del limonero a leer: primero el pronóstico del tiempo, después el horóscopo, luego el obituario para ver si había conocidos.

Ricardo Iribarne falleció el 12 de enero de 1948. Será enterrado hoy a las 16 hrs”.

—No sabía que había otro Iribarne… —pensó.

Buscó en la guía telefónica y no encontró su apellido. Llamó a la funeraria y le confirmaron que estaban velando a Ricardo Iribarne; pidió entonces para hablar con algún familiar; cuando escuchó la voz llorosa de su hija prefirió no responder.

Sacó del placar el traje de hilo blanco del casamiento y lo puso sobre la cama.

Volvió al limonero y siguió leyendo el diario, a las 12 almorzó, luego durmió la siesta hasta las 15 y 30, se dio un baño y acompañó el traslado de sus restos al cementerio.

 

 

ALGO QUE CONTARSE

 

Un hombre esperaba en el andén del subte, en medio de una multitud muda.

Una mujer esperaba en el andén de enfrente, en medio de otra multitud muda.

Se miraron. Llegó el subte de él.

Al otro día, a la misma hora, ella en su andén, él en el suyo.

Se miraron. Llegó el subte de ella.

Al otro día a la misma hora, él en su andén, ella en el suyo.

Cuando llegaba el subte de ella él le gritó: ¡tengo algo que decirle!

¡Yo también!, gritó ella, antes de subirse al subte. Y se saludaron efusivamente.

Al otro día él fue al andén de ella. Cuando se vieron comenzaron a acercarse, sonrientes.

Eran las 8,15 horas del 6 de agosto de 1945, en Hiroshima.

 

EL BAILE

 

No podía creer que me estuviera haciendo señas para bailar, en la fiesta de graduación y también su despedida. 

Ella era un sueño y sus clases apasionantes.Todos estábamos locamente enamorados de ella.

Nunca tuvimos más noticias.  

Ayer me enteré de que es viuda y vive sola en Barcelona.

Cuando llegué a casa busqué aquella última foto del 73 donde yo estoy junto a ella y me animo a tomarle de la cintura, puse el long play de The Beach Boys donde está el tema que bailamos y me senté en el escritorio.

Pensé que quizás el amor sea eso, la forma de un comienzo, como su mirada y su sonrisa hermosa y verdadera en cada mañana cuando entraba al aula.

 

EL VUELO

 

Desde niño siempre quise ser pájaro. Me subía todos los mediodías a lo más alto de un lapacho que había en casa, cerraba los ojos, abría los brazos y me quedaba un largo rato imaginando mi vuelo junto a los pájaros.

Estaba convencido de que algún día volaría.

Volví a mi pueblo 60 años después. Busqué la casa donde había vivido pero ya no estaba. Solo el viejo lapacho sobrevivió, como esperándome. Recordando los vuelos de mi niñez, aquella ilusión inocente se apoderó como entonces de mi corazón.

Lentamente, rama a rama, subí hasta lo más alto. 

Me sentí muy cansado. Cerré los ojos y abrí los brazos.

Tuve un dolor intenso en el pecho.

Cuando abrí los ojos me encontré en medio de una bandada de gorriones.

 

LOS VISITANTES  

 

Aunque había toque de queda decidí ir a verla.

La ciudad, azotada por la oscuridad, parecía vacía.

Subí las escaleras y entré. Sobre la mesa encontré una nota: estoy con papá, te amo.

Encendí la radio, hablaba el presidente dando la noticia de que los invasores podrían ser del planeta Kepler-452.

Un intenso olor asqueroso, como de azufre, apareció de golpe. Me escondí en el baño y comencé a rezar. No escuchaba nada pero sabía que estaban allí.

Perdí la noción del tiempo.

De pronto desapareció el olor. Salí, temeroso, al balcón.

Era un día más, con una densa bruma de smog, con multitudes apresuradas y filas interminables de autos atascados. Aparecieron las palomas que vienen todas las mañanas y escuché al canillita que me gritó “¿le llevo el diario, don Rogelio?”

 

***

Rogelio Dalmaroni

Nació en Misiones, Argentina, en 1953. Se dedicó a la agricultura ecológica. En 2014 publicó cuentos y poemas breves en Final abierto.